
• Como profesionales en psicología sabemos que la identidad humana es compleja y que el desarrollo saludable implica integrar emociones, historia personal y vínculos reales.

En los últimos años ha tomado fuerza en redes sociales el llamado fenómeno “Therian”, donde algunos jóvenes expresan identificarse parcial o simbólicamente con un animal. Videos, comunidades digitales y encuentros han normalizado esta tendencia, generando tanto curiosidad como preocupación en muchos padres.
Más allá del juicio rápido o la burla, vale la pena hacernos una pregunta más profunda: ¿qué puede estar expresando un adolescente cuando siente que encaja más como “animal” que como persona?
La adolescencia es una etapa marcada por la búsqueda de identidad y pertenencia. Es el momento en que el joven intenta responder preguntas esenciales: ¿quién soy?, ¿dónde encajo?, ¿qué me hace valioso? Cuando estas respuestas no encuentran contención en el hogar, en la escuela o en el entorno social, pueden aparecer formas alternativas de expresión.
En muchos casos, detrás de estas manifestaciones puede existir una sensación de invisibilidad, dificultad para encajar, experiencias de rechazo o una necesidad intensa de pertenecer a algo. Las comunidades digitales ofrecen eso: identidad, grupo y validación inmediata.
Comprender no significa necesariamente validar todas las conductas. Como profesionales en psicología sabemos que la identidad humana es compleja y que el desarrollo saludable implica integrar emociones, historia personal y vínculos reales. Cuando una identificación comienza a interferir con la funcionalidad social, académica o familiar, es importante prestar atención.
Más que alarmarnos, este fenómeno nos invita a reflexionar sobre el rol de los adultos. ¿Estamos escuchando a nuestros hijos? ¿Estamos generando espacios donde puedan hablar de su dolor, sus dudas y su sensación de no encajar?
La clave no está en la confrontación ni en la ridiculización, sino en el diálogo. Los jóvenes no dejan de ser humanos por experimentar etapas de exploración; siguen necesitando guía, límites claros y acompañamiento emocional.
Si un padre percibe que su hijo se aísla excesivamente, abandona actividades habituales, presenta cambios bruscos de comportamiento o expresa rechazo hacia su propia identidad, podría ser momento de buscar orientación profesional.
Las tendencias cambian. La necesidad de pertenecer, de ser vistos y de sentirse valiosos, no.
Acompañar sin miedo, escuchar sin burla y orientar con firmeza puede marcar la diferencia.
