• Este 20 de setiembre se conmemora el Día mundial del donante de médula ósea.
  • Del 2015 al 2026, la CCSS registra 931 trasplantes de médula realizados en los hospitales México, San Juan de Dios y Nacional de Niños.

Susana Saravia Calderón / CCSS

SAN JOSÉ, Costa Rica. A sus 10 años, la vida de Sofía Escalante Gutiérrez transcurría como la de cualquier otra niña de su edad. Quizá una de sus características más emblemáticas era su sonrisa, que era parte de su esencia y con la que había logrado cautivar a quienes la conocían.

Era 2014, durante la celebración del Mundial de fútbol. Un día después de participar en una de las celebraciones, doña Angélica empezó a notar ciertos síntomas en Sofía que le parecieron muy atípicos en ella, como un cansancio constante. Incluso recién levantada decía sentirse cansada, por lo que decidió realizarle un examen de sangre, cuyo resultado salió alterado.

Sofía Escalante Gutiérrez,a sus 10 años, acompañada de su madre Angélica.

Sofía fue llevada al hospital Nacional de Niños, donde fue diagnosticada con LMA o leucemia mieloide aguda, que, de acuerdo con el doctor Geiner Valverde, del Programa Institucional de Donación y Trasplantes, es un tipo de cáncer de la sangre y la médula ósea que hace que quien la padezca se sienta muy cansado, sea más susceptible a sufrir infecciones graves y presente hematomas o hemorragias con facilidad.

Sofía recibió protocolos de quimioterapia durante casi nueve meses, de los cuales pasaba una semana en la casa y 22 días en el hospital. Doña Angélica recuerda que, una vez que terminaron este proceso, los médicos les dijeron que Sofía había salido con éxito, por lo que decidieron hacer un viaje en familia para celebrar. Sin embargo, estando fuera del país, la niña empezó a tener fiebres muy altas y a sentirse muy mal.

La alegría de los días pasados duró muy poco porque, una vez de vuelta en el país, les comunicaron que la leucemia había regresado.

  • EL TRASPLANTE QUE LO CAMBIÓ TODO

Doña Angélica recuerda que fueron momentos de gran preocupación, tristeza y dolor, pero nunca perdió la fe.

Los médicos les hablaron sobre el trasplante de médula —también conocido como trasplante de células hematopoyéticas— como la única opción. Ella, como mamá de Sofía, era la mejor candidata para ser la donante, ya que había un 50 % de compatibilidad entre ambas.

Según el doctor Valverde, este tipo de trasplante es conocido como haploidéntico o semicompatible; es decir, existe una compatibilidad parcial, no total, entre el donante y el receptor. En nuestro país, habitualmente este tipo de trasplantes se realiza con familiares (donantes relacionados).

Aunque Sofía era paciente pediátrica, su trasplante se realizó en el hospital San Juan de Dios, por una doctora que recién había llegado de Japón, precisamente de especializarse en este tipo de procedimientos. Ella aceptó el reto de hacer el trasplante aunque se tratara de una niña.

Doña Angélica nos cuenta que, a pesar de todo el proceso, Sofía continuaba siendo la niña de 10 años que grababa videos, saltaba en la cama y, sobre todo, sonreía a todo aquel que conocía.

Recuerda que el día del trasplante ella permaneció cerca de cuatro horas conectada por la ingle a la máquina que le extraía las células que posteriormente serían trasplantadas a su hija. Con una esperanza e ilusión que no logra describir, veía cómo poco a poco se llenaba aquella bolsa de una sustancia de color naranja tornasol.

“Me dijeron que con que llenara un poquito la bolsita iba a ser suficiente, pero yo, que creo mucho en el poder de la mente y las palabras, me decía: ‘¡No! Nada de poquito, voy a llenarla toda porque es para Sofi’. Y, efectivamente, la bolsa se llenó toda”, comenta doña Angélica, cargada de emoción al recordarlo.

Esta mamá feliz nos cuenta que, después del trasplante, la evolución de Sofía fue muy buena, tanto que no requirió nuevas hospitalizaciones. Al día de hoy, el trasplante continúa siendo un éxito y, aunque siempre se mantiene en control médico, doña Angélica no deja de darle gracias a Dios y a la CCSS por la posibilidad de haberle dado otra oportunidad a su hija.

  • SOFÍA, CASI 11 AÑOS DESPUÉS DEL TRASPLANTE DE MÉDULA

Aquella niña de eterna sonrisa, a pesar del dolor y la enfermedad, dio paso a una joven totalmente realizada, profesional, que trabaja y está llena de expectativas, sueños por cumplir y deseos de vivir; quien hoy, a sus 22 años, ve de una manera muy sabia la experiencia de su enfermedad.

Lo primero que menciona es el agradecimiento a Dios por ese proceso y luego a su mamá, quien, como ella lo define, le dio la vida dos veces.

Cuando habla de su proceso, Sofía nos dice que, si bien en algún momento se llegó a preguntar por qué le pasaba a ella, con el tiempo comprendió que la pregunta correcta era para qué le sucedía.

“Creo que en la vida todo tiene un propósito que es perfecto; todos venimos al mundo con un plan, el cual debemos cumplir. En el momento quizá no lo vamos a comprender, pero con el tiempo nos damos cuenta y logramos darle un sentido a lo que nos pasa. Sé que no es fácil porque yo misma lo viví, pero con perseverancia y, sobre todo, fe, se puede lograr”, comentó.

Sofía nos dice que, gracias a todo lo que experimentó, logró abrir sus ojos de muchas maneras y transmitir este mensaje a personas que lo necesitaban, de manera que, cuando piensa en lo que vivió, comprende que todo ese proceso tuvo un sentido para ella.

Aunque siempre se mantiene en control médico, atrás quedaron los días de hospitales, de internamientos y de pastillas todos los días, para vivir una vida completamente normal, repleta de sueños y metas por cumplir, como cualquier joven de su edad.

  • EXPERIENCIA TAMBIÉN ABRIÓ CAMINO PARA OTROS PACIENTES

Aunque doña Angélica define esta experiencia como muy dolorosa (“lo peor para una madre es ver a un hijo enfermo y pensar que se va a morir”), señala que también transformó la vida de su familia y despertó su interés por conocer las opciones disponibles para las personas que no cuentan con familiares compatibles para un trasplante.

A partir de esa experiencia, la familia se involucró en iniciativas de apoyo a otros pacientes y creó la fundación Gracias por sonreír conmigo donando médula, desde la cual ha colaborado, en coordinación con equipos médicos, en acciones orientadas a ampliar las alternativas para personas que requieren un trasplante y no disponen de un donante familiar compatible.

  • UN TRASPLANTE PARA RECONSTRUIR VIDAS

Según explicó el doctor Valverde, la médula ósea es un tejido esponjoso que se encuentra en el interior de algunos huesos y que produce las células sanguíneas que necesitamos para vivir. Cuando se presenta una enfermedad como la leucemia, el linfoma, el mieloma múltiple o ciertas anemias severas, esta fábrica de la sangre puede dejar de funcionar adecuadamente y el trasplante de médula ósea se convierte, muchas veces, en la única opción para sustituir las células dañadas por células sanas.

Indicó que el trasplante de médula ósea es un procedimiento de alta complejidad que requiere hospitalización, cuidados especializados y un seguimiento prolongado; sin embargo, para un gran número de pacientes marca un antes y un después en su historia de vida.

Después de superar la fase inicial de recuperación, muchas personas trasplantadas pueden mejorar significativamente su calidad de vida, retomar sus actividades cotidianas, volver al estudio o al trabajo y recuperar proyectos personales y familiares que antes eran inciertos.

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