• De Sitio de Mata al reconocimiento internacional en España, la atleta paralímpica

turrialbeña ha convertido las pruebas de la vida en una lección de esperanza.

Alejandro Fonseca Hidalgo / turrialbaldia@yahoo.com

SITIO DE MATA, Turrialba, Costa Rica. Hay historias que se cuentan con medallas, récords y aplausos. Otras se escriben con lágrimas silenciosas, noches de incertidumbre, dolor y una fuerza interior que parece imposible de explicar. La historia de Amalia Toruño Lizano tiene un poco de todo eso, pero, sobre todo, está escrita con esperanza.

Su camino comenzó desde muy pequeña, cuando apenas tenía dos años y ya practicaba deporte en Sitio de Mata de Turrialba, la tierra donde crecieron sus sueños y donde permanecen intactas sus raíces. Aquel lugar, que recuerda con profundo cariño y orgullo, forma parte de su identidad y de la historia de la mujer que es hoy.

Desde niña, el ejercicio fue mucho más que una actividad física: se convirtió en una pasión, una forma de vivir y una compañera inseparable. Amalia nunca imaginó que un día tendría que librar una de las competencias más difíciles de su vida, una en la que no habría una línea de salida ni una meta claramente definida.

Después de participar en una maratón, su cuerpo comenzó a enviarle señales de alarma. Un dolor intenso la llevó a buscar respuestas médicas y recibió un diagnóstico de enfermedad neurológica.

En 2025 conoció con mayor claridad la complejidad de una condición que ella describe como una enfermedad rara, capaz de afectar los nervios, las funciones motoras y sensitivas, así como el sistema autónomo que regula distintos órganos internos.

Desde entonces, su vida ha estado marcada por nuevos desafíos, tratamientos, cirugías, hospitalizaciones y cambios físicos que la han obligado a aprender, una y otra vez, a vivir con una realidad diferente.

Pero si algo distingue a Amalia es que no permite que su enfermedad sea la única historia que se cuente sobre ella.

Es atleta paralímpica, compite en lanzamientos de disco y jabalina, además de la impulsión de bala, y ha conquistado seis campeonatos mundiales de CrossFit Adaptado. A sus triunfos deportivos se suma ahora un reconocimiento que toca una dimensión todavía más profunda de su trayectoria: el Premio Influencia Hispana, en la categoría de Inclusión y Espíritu de Superación, recibido en Madrid, España.

También dedica parte de su tiempo a ofrecer charlas motivacionales, en las que comparte sus experiencias para inspirar a otras personas, especialmente a quienes enfrentan una discapacidad, una enfermedad o una situación que parece cerrarles las puertas del futuro.

En medio de una agenda llena de compromisos, Amalia hizo una pausa para conversar sobre su amada Turrialba, los miedos que ha tenido que enfrentar, las batallas que pocas personas conocen y los sueños que todavía desea alcanzar.

Sus palabras revelan a una campeona que no pretende ocultar sus heridas ni presentarse como una mujer invencible. Por el contrario, habla con honestidad de sus momentos de fragilidad, del valor de pedir ayuda y de la importancia de encontrar motivos para continuar, incluso cuando las fuerzas parecen agotarse.

  • “Soy orgullosamente turrialbeña”

¿En qué lugar de Turrialba nació y qué significan sus raíces para usted?

“Soy orgullosamente turrialbeña, de Sitio de Mata. Mis raíces son una parte fundamental de quien soy hoy. Cuando pienso en mi infancia, pienso en mis sueños, en mi familia y en esa niña que todavía no tenía idea de todas las pruebas que le tocaría enfrentar.

Hay algo muy bonito de crecer lejos de los grandes escenarios: uno aprende que el valor de las personas no está en lo que tienen, sino en lo que son.

Y aunque la vida me ha llevado a recorrer el mundo, hay algo que nunca cambia: mis raíces y el orgullo de ser costarricense”.

¿Cómo ha logrado vencer sus miedos en medio de tantas dificultades?

“Lo primero que debemos entender es que ser valiente no significa no tener miedo. Yo he sentido muchísimo miedo. Miedo al futuro, a perder mi independencia, a que mi salud empeore, a no poder cumplir mis sueños y, en algunos momentos, hasta miedo de no tener fuerzas para continuar.

El miedo no tiene que desaparecer para que podamos avanzar. Muchas veces he tenido que hacer las cosas con miedo, con dolor, con incertidumbre”.

¿Dónde encuentra la fortaleza para seguir adelante?

“No creo que sea levantarse todos los días con una sonrisa. Para mí está en reconocer que somos vulnerables, permitirnos sentir y así encontrar una razón para intentarlo una vez más.

Y algo muy importante: no he salido adelante sola. He necesitado ayuda, apoyo, amor y acompañamiento. Ser fuerte también significa aprender a pedir ayuda”.

¿En qué momento de su vida se dijo: ‘Hay que seguir’, aunque ya no tuviera fuerzas?

“En varios momentos. Mi enfermedad me ha enfrentado a situaciones que jamás imaginé vivir. He pasado por cirugías, hospitalizaciones, dolores muy intensos y momentos en los que mi cuerpo ha dejado de responder como yo quisiera.

He tenido que despedirme de capacidades que antes daba por sentadas y aprender a vivir con una realidad que cambia constantemente.

Y hay algo que pocas personas ven detrás de una medalla: muchas veces, mientras el mundo celebra mis victorias, yo estoy librando batallas que nadie conoce.

He llorado, me he frustrado y he sentido que no podía más. Pero también he comprendido que seguir adelante no siempre significa ganar una competencia o alcanzar una meta extraordinaria.

A veces, la victoria más grande es simplemente levantarse de la cama, enfrentar otro día y no renunciar a uno mismo”.

¿Cómo quisiera que las personas vieran su historia?

“Yo no quiero que mi historia sea la de una mujer que nunca cayó. Quiero que sea la de una mujer que, a pesar de sus caídas, encontró motivos para volver a intentarlo”.

  • Una lucha que va más allá del deporte

¿Cómo se encuentra actualmente su salud?

“Mi salud sigue siendo uno de los desafíos más grandes de mi vida. Vivo con una enfermedad neurológica compleja que afecta progresivamente diferentes funciones de mi cuerpo. Esto implica dolor neuropático, pérdida de fuerza, limitaciones físicas y complicaciones que requieren tratamientos y seguimiento médico constante.

En los últimos tiempos he enfrentado nuevas complicaciones, procedimientos y hospitalizaciones que han sido física y emocionalmente desgastantes. Hay días buenos y días muy difíciles.

Pero también he aprendido a escuchar mi cuerpo, a respetar sus límites y a entender que mi valor como persona no depende de lo que físicamente pueda hacer.

No quiero romantizar la enfermedad, porque vivir con dolor y con incertidumbre no es fácil. Mi mayor deseo no es solamente seguir ganando medallas, sino tener salud, calidad de vida y la posibilidad de disfrutar todo lo que he construido.

Hoy sigo luchando por eso”.

  • España aplaude su espirítu de superación

¿Qué significa para usted recibir el Premio Influencia His-pana en la categoría de Inclusión y Espíritu de Superación, en Ma-drid, España?

“Recibir el Premio Influencia Hispana, en la categoría de Inclusión y Espíritu de Superación, en Madrid, España, representa uno de los reconocimientos más emotivos de mi vida.

Porque este premio va mucho más allá de los resultados deportivos. Es un reconocimiento a una historia de vida, a la capacidad de transformar las dificultades en oportunidades y, sobre todo, al impacto que podemos generar en otras personas.

He tenido el privilegio de ganar campeonatos mundiales y recibir reconocimientos muy importantes, pero este tiene un significado especial, porque me recuerda que mi propósito no termina cuando bajo de un podio.

Si mi historia logra que una persona con discapacidad se atreva a soñar, que alguien que está atravesando una enfermedad encuentre esperanza o que una persona que siente que ya no puede más descubra una razón para seguir, entonces todo lo vivido adquiere un significado todavía más profundo.

Las medallas reconocen lo que he logrado como atleta. Este premio reconoce lo que mi historia puede aportar a la vida de los demás. Y eso me llena de gratitud y responsabilidad”.

Después de tantos triunfos, ¿qué metas se plantea una multicampeona mundial?

“¡Muchísimas! Porque los sueños no tienen fecha y tampoco desaparecen cuando alcanzamos una meta.

Durante muchos años mi vida deportiva estuvo enfocada en conquistar campeonatos mundiales. Tuve el privilegio de alcanzar sueños que parecían imposibles y de representar a Costa Rica en los escenarios más importantes.

Pero he aprendido que la vida tiene diferentes etapas y que también necesitamos atrevernos a reinventarnos.

Hoy tengo nuevos sueños. Uno de los más grandes es continuar desarrollándome en el paratletismo, especialmente en el lanzamiento de jabalina y disco, con la mirada puesta en los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles 2028.

También quiero seguir creciendo como conferencista, llevar mi mensaje a más países y trabajar por una sociedad donde la inclusión no sea solamente un discurso, sino una realidad.

Y tengo metas que no se miden en medallas: cuidar mi salud, encontrar equilibrio, disfrutar de las personas que amo, viajar, conocer el mundo y vivir plenamente.

Porque después de tantos años compitiendo, he comprendido algo: no quiero que mi mayor éxito sea solamente todo lo que he ganado. Quiero que también sea todo lo que he vivido, las personas a las que he podido ayudar y la felicidad que he sido capaz de construir.

Todavía tengo muchos sueños. Y mientras tenga vida, quiero seguir encontrando razones para perseguirlos”.

La historia de Amalia Toruño Lizano nos recuerda que detrás de cada campeona hay una persona que siente, que teme, que llora y que también necesita una mano amiga. Que el éxito no siempre se mide en medallas, y que hay luchas silenciosas cuyo valor no aparece en ningún marcador.

  • Su mayor triunfo es seguir soñando

Desde Sitio de Mata, en su querida Turrialba, hasta los escenarios internacionales donde su nombre es reconocido, Amalia lleva consigo mucho más que sus títulos: representa la perseverancia de quien aprende a caminar por nuevos senderos cuando la vida cambia las reglas.

Su camino no ha sido fácil y ella misma reconoce que todavía enfrenta grandes desafíos. No ofrece una historia de finales perfectos, sino una lección más profunda: es posible conservar la esperanza sin negar el dolor, perseguir los sueños sin ignorar los límites y aceptar la ayuda de los demás sin perder la fortaleza.

Hoy, mientras España reconoce su espíritu de superación, su corazón sigue unido a la tierra que la vio crecer.

Porque algunas medallas brillan sobre el pecho, pero otras se llevan en el alma. Y entre todas las victorias de Amalia, quizá una de las más grandes sea esta: seguir encontrando razones para soñar, aun en los días en que la vida más le exige luchar.

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